La Agricultura del Futuro: entre la Productividad y la Conservación
"Al contrario de las leyes humanas, las leyes de la naturaleza no se pueden evadir."

Por Otto Solbrig - 9º Congreso AAPRESID

Una ley natural importante para entender el comportamiento de especies naturales indica que todos los organismos en presencia de recursos no utilizados pueden crecer a una tasa exponencial, que si bien varía de especie a especie -una bacteria crece a una tasa mucho mayor que un elefante-hace que en muy poco tiempo el organismo ocupe todo el espacio y los recursos disponibles. De allí en adelante, su crecimiento será estable siempre y cuando los recursos de los cuales dispone se mantengan estables.

Así, por ejemplo, los ganaderos saben que un campo tiene una cierta capacidad de carga, y si cargan demasiados animales, éstos no engordarán por falta de alimentos.

Una consecuencia que nos atañe mucho es una conocida ley: en la naturaleza hay límites al número de individuos que se pueden mantener con un cierto nivel de recursos. Cuando éstos aumentan-años de buenas lluvias y buen sol-aumentan los pastos y la vida silvestre. Años malos, de seca, o frío, disminuyen los pastos, y también la vida silvestre.

En otras palabras, los recursos fijan límites al número de plantas y animales que pueden habitar este planeta, y porque todos tienen la habilidad de crecer a una tasa muy rápida, los recursos siempre están utilizados, y como varían de año en año y de lugar en lugar, la densidad de organismos también varía de lugar a lugar y con el tiempo.

Agua, Luz y Nutrientes

Los recursos que utilizan las plantas y los animales son muchos, pero se pueden reducir a tres principales: luz solar, agua, y nutrientes minerales, principalmente carbono, nitrógeno, fósforo, potasio, y calcio.

Las plantas convierten la energía solar en energía química a través de la fotosíntesis, y el resto de los organismos no fotosintetizantes (bacterias, hongos y animales), a su vez, obtienen sus recursos directa o indirectamente de las plantas.

Todos los organismos compiten por estos recursos, y los más eficientes en apoderarse de ellos son los que triunfan y se reproducen: sólo un muy pequeño número de individuos sobreviven hasta reproducirse, mientras que la gran mayoría perece en la lucha por estos recursos.

¿Qué decía Malthus?

El primer pensador que elaboró estas ideas fue el fundador de la ciência de la demografía, el economista y matemático inglés Tomás Malthus en un célebre tratado sobre el crecimiento de las poblaciones humanas aparecido en 1798.

Malthus estaba preocupado porque notó que la población de Gran Bretaña -que se había mantenido más o menos estática por más de trescientos años- había empezado a crecer en la segunda mitad del siglo dieciocho a tasas nunca vistas con anterioridad. Esto preocupaba a Malthus, pues aplicando el modelo animal preveía que eventualmente no habría suficiente alimento para todos, y que la población humana, al igual que la población animal, en tales circunstancias se vería controlada por falta de alimentos. En otras palabras, Malthus vaticinaba que los más pobres y sus hijos se iban a morir de hambre. Para evitar esa catástrofe, Malthus recomendaba el control de la natalidad.

Como todos sabemos las predicciones de Malthus no se cumplieron. El siglo XIX fue un siglo de expansión en Gran Bretaña, y a pesar de un incremento enorme de la población inglesa ésta ni se empobreció ni se murió de hambre. Al contrario en promedio aumentó significativamente el ingreso y mejoró sensiblemente la nutrición. Y con el correr de los años el número de hijos por pareja fue decreciendo hasta llegar a más o menos dos por pareja hoy en día, al igual que la mortalidad infantil que bajó de alrededor del 100 por mil hasta llegar hoy en día a alrededor de tres por mil. Hoy en día la población inglesa ya no crece, está en equilibrio porque la natalidad y la mortalidad pre-reproductiva están en equilibrio. Y lo mismo ocurre en Europa, en Estados Unidos y Canadá, y en Japón. En muchos otros países entre los cuales se cuenta Argentina, Uruguay y Chile la natalidad, al igual que la mortalidad pre-reproductiva, también han decrecido y están encaminándose hacia una situación de equilibrio. Y aún en países con muy alto crecimiento, vemos la misma tendencia: una disminución de la natalidad y de la mortalidad pre-reproductiva encaminada a un eventual equilibrio.

Este fenómeno es netamente humano: no hemos detectado ningún proceso similar en poblaciones animales.

O sea, los humanos han controlado la tendencia natural a crecer exponencialmente, pero ese equilibrio está empezando a ocurrir con una población que es diez veces el tamaño de hace 250 años.

¿Qué está ocurriendo?

¿Quiere decir esto que la especie humana no necesita obedecer las leyes de la naturaleza y que podemos crecer sin preocuparnos?

Claro que no.

La especie humana obedece todas las leyes de la naturaleza. Lo que quiere decir es que el ser humano ha tenido hasta ahora la capacidad de aumentar los recursos que lo mantienen, recursos que ha obtenido quitándolos a otras especies, que han decrecido en número. Grandes bosques con sus árboles y su fauna han desaparecido en Europa, en Norte América, en Japón, pero también en Borneo, en Indonesia, en la India, en China, en África, y cada día más en Sudamérica.

La vida es posible en este planeta porque recibimos todos los días energía del sol, que es convertida por las plantas verdes en biomasa vegetal que a su vez alimenta al reino animal incluido el ser humano. Los seres humanos se han apropiado de alrededor del 40% de la superficie terrestre para su beneficio, dedicándola a cultivos y praderas naturales y artificiales, donde pastan los animales domésticos que finalmente son consumidos por nosotros ya sea como leche, carne, lana, etc.

Y es ese proceso de apropiación de los recursos del planeta, más el uso de energía fósil lo que ha hecho posible que las predicciones de Malthus no se cumplieran. La clave en este proceso es la capacidad inventiva del ser humano que se refleja en su tecnología.

El Rol de la Tecnología

En la época de Malthus los arados de una reja eran tirados por bueyes o caballos. Gran parte del abono usado era estiércol, los rendimientos eran bajísimos comparados a los actuales. La cosecha también era manual con guadaña, como la trilla.

Nuevas máquinas, el uso de energía fósil reemplazando a la tracción animal, el uso de agroquímicos y todo el "arsenal" agrotecnológico, ha hecho posible el aumento de la población en más de diez veces desde la época de Malthus, reduciendo la desnutrición y aumentando en promedio el nivel de vida y la expectativa de vida de la población humana.

Ello no quiere decir que estos beneficios estén bien distribuidos: no lo están para nada, y la falta de equidad es problema número uno en el mundo, pero eso es otro capítulo.

La tecnología, y sobre todo la tecnología agrícola, ha sido entonces la razón de que las predicciones de Malthus no se hayan cumplido hasta ahora.

Pero estos avances no han ocurrido sin un costo. Ya he mencionado la pérdida de grandes áreas de vegetación natural: bosques, praderas, y sabanas; también el suelo está amenazado. Se calcula que alrededor del 20% de la superficie agrícola está erosionada, en parte al extremo de haber sido abandonada.

Las pérdidas económicas de la erosión de los suelos se calculan en mil millones de dólares anuales en los Estados Unidos y el Ing. Casas estima para la Argentina una pérdida anual de cerca de cien millones de dólares. Además el uso generalizado de agroquímicos está contaminando acuíferos y los suministros de agua para las poblaciones humanas.

Asimismo, el uso masivo de combustibles fósiles está aumentando el dióxido de carbono en el aire, lo que está produciendo cambios climáticos con consecuencias serias para las sociedades humanas.

En los próximos cincuenta años la población, que hoy supera los seis mil millones de personas, va a aumentar en un 50%, o sea hacia el 2050, habrá aproximadamente nueve mil millones de personas si no ocurre algún evento catastrófico, como por ejemplo una epidemia nueva como la del SIDA.

Si vamos a alimentar a ese número de personas habrá que aumentar la producción de alimentos; ello significa aumentar los insumos tecnológicos, lo que inevitablemente afectará el medio ambiente.

La Trampa de Malthus

Hemos superado-por lo menos temporariamente-la predicción de Malthus usando nuestro ingenio y creando tecnología, sólo para caer en otra trampa: la destrucción del medio ambiente para apoderarnos de una proporción cada vez mayor de energía solar lo que está empezando a afectar los procesos naturales de reciclaje de nutrientes y descomposición de productos, de captura del dióxido carbónico del aire, de creación y manutención de suelos, etc. que son necesarios para la existencia de las poblaciones humanas.

El Dilema

Si reducimos la tecnología y revertimos a un mundo agrícola más benigno para el medio ambiente, resolvemos un problema, pero aumentamos la desnutrición y la mortalidad infantil, o sea creamos las condiciones para que se cumpla la predicción de Malthus.

Si seguimos produciendo como lo estamos haciendo y aumentamos los insumos químicos y el uso de energía fósil, arriesgamos crear en el futuro una situación tan mala o peor que la anterior.

Revolución Verde y Precios Agrícolas

El enorme éxito de las tecnologías agrícolas de la revolución verde ha hecho posible que la producción agrícola a nivel mundial haya crecido a una tasa mayor que la población humana durante los últimos cuarenta años.

Ello ha ocasionado una reducción de los precios agrícolas, lo que ha favorecido a los pobres que han tenido más acceso a alimentos baratos, pero ha sido desastroso para los productores, sobre todo los pequeños en países sin subsidios.

¿Qué pasará en el futuro?

Podemos imaginarnos varios escenarios, todos con implicancias importantes para la Argentina.

Primer Escenario

Un primer escenario es la continuación de la situación de los últimos cuarenta años.

Las nuevas tecnologías, sobre todo la biotecnología, permiten mantener el crecimiento agrícola al mismo nivel que el crecimiento demográfico. Como la tasa de crecimiento de la población está bajando y estará cerca de cero hacia mediados de siglo, el crecimiento en rendimientos mientras se mantenga positivo no necesita ser muy grande, exceptuando los próximos diez años.

La gran incógnita es cuál va a ser el impacto ambiental de un aumento de la producción de 50% en los próximos cincuenta años. Si ese impacto no es mucho mayor de lo que estamos observando hoy en día, este escenario resolvería el problema alimenticio. Si, por el contrario, el impacto ambiental es muy grande esta estrategia sería insostenible.

Este escenario es, a mi parecer, el más probable.

Escenario Opuesto

El escenario opuesto sería el abandono de la agricultura de altos insumos por una agricultura "verde", menos productiva pero conservadora de recursos. Esta estrategia crearía serios problemas de malnutrición y de hambre en países de África, sur y centro de Asia, y América Latina. Este escenario también es insostenible por razones sociales, ya que no creo que el mundo se abstuviera de ayudar a pueblos sufriendo de hambre. Por eso creo que este escenario es el menos probable.

Escenario "Mixto"

Una tercera posibilidad es un escenario mixto. Ciertas regiones del planeta producen granos y oleaginosas con tecnologías de altos insumos, mientras que otras producen alimentos "verdes" con menor rendimiento pero -con la aureola de que son de mejor calidad- obtienen mejor precio. Esto ya está ocurriendo en los Estados Unidos. La mayor parte de la producción de granos y oleaginosas es producida con tecnologías de altos insumos, pero un sector, sobre todo en ciertos rubros como frutas, verduras, pollos y leche, ya produce con lo que se denomina tecnologías "orgánicas", o sea con un mínimo de agroquímicos.

Europa también tiene un sector "orgánico" fuerte, aunque también un sector de altos insumos, tan es así, que es la zona del mundo que más agroquímicos por hectárea emplea.

Mi opinión es que este es un equilibrio muy inestable.

La tendencia natural de los productores orgánicos es aumentar o por lo menos mantener los rendimientos. Cuando aparecen nuevas plagas, o no pueden controlar una conocida, piden y obtienen excepciones para utilizar agroquímicos. Poco a poco se van a ir acercando a los productores de altos insumos.

A su vez, la presión del mercado y de la sociedad para reducir el uso de agroquímicos, y la tendencia de los productores de altos insumos a reducir el uso de químicos será la de tratar de captar parte del sobreprecio obtenido por los productores orgánicos.

Y en esa línea de pensamiento opino que vamos a ver una tendencia a la convergencia, y el equilibrio al que se llegue dependerá del producto: los mercados de productos de consumo directo, como son frutas, verduras, leche y derivados y carne tenderán a ser cada vez más orgánicos, mientras que aquellos que se venden a granel -los que denominamos commodities agrícolas- y que se industrializan en su mayor parte, serán producidos con las tecnologías que lleven a los rendimientos más elevados.

¿Qué actitud debería adoptar el productor argentino?

De estas tres alternativas ¿Cuál es la que más le conviene?

Creo que el productor argentino ya se ha jugado por la tecnología de altos insumos, por lo menos en el rubro de granos y oleaginosas. Pero como no es subsidiado, aún utiliza relativamente pocos insumos comparado con Europa o los Estados Unidos. Bien manejado, ésta es una ventaja comparativa que debería aprovechar: la imagen de la pampa llena de vaquitas comiendo alfalfa es una imagen que hay que vender.

En el área de carnes y lácteos, una vez que superen para siempre la cuestión de la aftosa, deberían producir usando técnicas "orgánicas" como lo han hecho durante más de un siglo si es que quieren captar el mercado Europeo y Norteamericano.

En el ramo de commodities agrícolas -soja, trigo y maíz-la mejor estrategia es la actual: aumentar los rendimientos pero protegiendo al máximo el suelo.

En resumen, enfrentamos como siempre un futuro incierto.

Debemos hacer todo el esfuerzo posible para reducir el daño ambiental de la agricultura, porque es una espada de Damocles colgando encima del mundo, y además, porque es un buen negocio.

Producir con menos impacto ambiental mantendrá para nosotros y nuestros hijos los servicios ecológicos del medio ambiente, mantendrá la capacidad productiva de la tierra, y posiblemente también llevará a mejores precios.

fonte: Revista Agro Visión Nº 49 (noviembre-diciembre 2001), Argentina.

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