LA CONSPIRACION DEL TRIGO

Por Hernán Pérez Zapata
“Es mejor el barbecho propio que el mejor trigo extranjero” Proverbio árabe

El Ingeniero Agrónomo, M.Sc., Ph.D. Mario Zapata Belalcázar, originario de San Jerónimo, Antioquia, el más destacado fitomejorador del trigo en la historia nacional, estuvo en su Facultad de Agronomia de la Universidad Nacional en Medellín, conferenciando con estudiantes, profesores y miembros de la Asociación por la Salvación Agropecuaria, sobre la historia negativa del cultivo del trigo en el pais.

Con mas de 50 años de esfuerzos como investigador y Director Nacional del Programa de Investigación del Trigo desde el Centro de Investigaciones Agropecuarias Tibaitatá, en Mosquera, Cundinamarca, con un destacado grupo de profesionales y estudiantes, Mario Zapata Belalcázar coordinó las mas importantes experimentaciones genéticas realizadas en el pais, cuando el ICA, era modelo en América Latina, en la coordinación de la investigación, la enseñanza y la extensión.

Se crearon y experimentaron centenares de variedades de trigo para las zonas frias del pais. Se experimentó en los cultivos del cereal en clima cálido como se desarrolla en muchas zonas cálidas del mundo. Se llegaron a obtener producciones experimentales inimagibles hasta de 10 toneladas por hectárea en zonas frias y de 3 toneladas en clima cálido del Valle del Cauca en comparación con producciones promedio de 1,3 toneladas en Colombia. Esos esfuerzos no continuaron por parte del Estado, ni fueron difundidos a los productores porque no estaba en el interes de la política triguera, el desarrollo del cultivo.

Cuando se realizó en 1966 el Primer Congreso Nacional Triguero en Bogotá, con mas de 600 participantes, se entregaron a los cultivadores 6 variedades mejoradas. Fernando Peñaranda Canal, en ese entonces Gerente General del ICA, sustentó la tesis de que con la tecnología desarrollada se podia producir todo el trigo que necesitaba Colombia. En ese año se producían 160.000 y se importaban 120.000 toneladas del cereal.

El Gobierno Colombiano, a traves de convenio impuesto por los Estados Unidos, aceleró las importaciones. Se congelaron los precios de sustentación del IDEMA a los productores durante 10 años. Los costos de producción se incrementaron. El trigo importado era fiado, para ser pagado a largo plazo y con una tasa de interes del 2% anual.

El efecto fue la desaparición de la gran mayoria de los productores. Solo quedaron pequeños sectores en Boyacá, Cundinamarca y Nariño. Cuando el Presidente Alfonso López Michelsen liberó en 1976 los precios del grano, ya no habia productores que adelantaran la recuperación del cultivo para abastecernos suficientemente.

 

Con la aceleración de la apertura económica desde 1990, hemos llegado a importar 1.100.000 toneladas anuales de trigo. Igualmente importamos toda clase de pastos y derivados del trigo. La producción nacional ha disminuido a niveles ínfimos que no superan las 20.000 toneladas en Nariño. Se acabaron los precios de sustentación del Idema. Se eliminaron los créditos a la gran mayoria de cultivadores. La comercialización, la investigación, la extensión y el fomento del cultivo se redujeron a su mínima expresión.

Esta historia se repitió con el maiz. En 1990 importábamos 20.000 toneladas. Actualmente importamos 1.800.000 toneladas. El maiz es originario de Centro América y el Norte de Colombia y Venezuela. Se cultiva desde hace siglos como producto básico de los pobladores del pais y Latinoamérica. Tambien se observa el mismo fenómeno de las importaciones con el resto de la producción agropecuaria. Hemos pasado de importar 700.000 toneladas en 1990 a mas de 6.000.000 de toneladas en 2001 que le cuestan al pais más US$2.000 millones anuales.

Con el Area de Libre Comercio de las Américas, ALCA, un programa impuesto por E.U. y sus transnacionales, se pretende bajar a 0% el arancel y que no se tengan en cuenta los subsidios que por US$190.000 millones anuales acaba de aprobar la Ley de Protección a la Agricultura de los E.U., frente a la total desprotección a los productores colombianos.

Si en la primera fase de la apertura se acabó con más de la mitad de la producción agropecuaria en Colombia, con el ALCA, la segunda fase de la apertura económica, vamos a sufrir las peores consecuencias de éstas políticas que minan nuestra producción, trabajo y sobre todo nuestra soberania nacional.

La conspiración del trigo en Colombia debe servir de ejemplo para evitar unidos que se repita esa misma historia con lecheros, paperos, arroceros, paneleros, avicultores, azucareros, cafeteros y lo que queda de la producción rural. Igualmente, para recuperar los renglones que han sido eliminados como consecuencia de las importaciones.

Para ello se requiere el concurso y la voluntad política del Estado que no se vislumbra por ninguna parte. Solo la resistencia civilizada y democrática de productores, trabajadores y el resto del pueblo colombiano podrá salvarnos de mayores catástrofes de conspiraciones como la del trigo, la del maiz, la del algodón y la que se viene con el ALCA.

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